¿Ansiedad? Párate un momento y respira
- 23 nov 2017
- 3 Min. de lectura
¡Tengo un nudo en el estómago, mañana expongo!, ¡Una cucaracha!, me pongo nerviosa cuando conduzco por la autovía…Para muchos algunas de estas frases son familiares, y lo que subyace a ellas es un miedo intenso y limitante.
En efecto, la ansiedad es una emoción desagradable, pero adaptativa que nos prepara para dar una respuesta correcta ante estímulos potencialmente peligrosos. Por ejemplo, si estamos en una selva y nos encontramos con un león, necesitamos una activación de nuestro sistema simpático para luchar o huir. En estos instantes experimentamos una mayor frecuencia cardiaca, presión arterial, tensión muscular, pero, ¿son útiles estos síntomas en un avión?, definitivamente ¡NO!, de hecho, si esto ocurriera estaríamos hablando de ansiedad como problema, la cual se caracteriza porque:
Aparece ante estímulos inofensivos, pero percibidos como peligrosos, y además ocurre una desvalorización de nuestros recursos para afrontarlo. Esta situación desencadena una respuesta cognitiva, fisiológica y motora similar a nuestro caso del león.
Es constante en el tiempo no teniendo así una función adaptativa.
Interfiere en nuestro funcionamiento social y rendimiento.
¿Qué síntomas se dan en los trastornos de ansiedad? Los síntomas van a ser muy variados y dependerán del tipo de trastorno de ansiedad diagnosticado, pero entre las manifestaciones más comunes podemos destacar las siguientes:
Tensión muscular: es muy común apretar la mandíbula y los puños en situaciones estresantes.
Preocupación constante y excesiva: que interfiere en el funcionamiento diario
produciendo sensaciones desagradables como la fatiga.
Problemas crónicos de sueño: es normal que el día antes de unas oposiciones o una boda no peguemos ojo, pero no es tan normal cuando no conseguimos quedarnos dormidos de forma persistente gracias a nuestras preocupaciones.
Miedos irracionales, desbordados y paralizantes: en ocasiones la ansiedad está relacionada con algo específico como un avión, aglomeraciones de gente, sangre, cucarachas…en estos casos se suele hablar de fobias.
Indigestión crónica: a pesar de que nuestras preocupaciones residan en la mente también se somatizan, siendo común los problemas digestivos (hinchazón, estreñimiento, diarrea, gases…)
Miedo escénico: sentir un nudo en el estómago cuando se va a hablar en público es lógico, pero si llevamos días o semanas preocupándonos por ese evento y nos resulta sumamente desagradable, o tan intolerable como para no asistir podríamos estar hablando de una fobia social.
Personalización: pensar que todo lo que pase alrededor tiene que ver con uno mismo. Por ejemplo, ver a dos personas hablando en voz baja y pensar que le están criticando a uno. Ésta es una de las distorsiones relacionadas con la fobia social.
Flashbacks: Revivir eventos traumáticos como por ejemplo un accidente de tráfico es propio del trastorno de estrés postraumático (TEPT).
Perfeccionismo o sentimiento de excesiva responsabilidad: el perfeccionismo se convierte en un problema cuando existe la sensación de no acabar nunca o de no ser lo suficientemente bueno porque los requisitos son extremos.
Dudas persistentes: la persona tiene dudas sobre una cuestión importante sobre sí mismo, como: ¿soy bisexual? ¿Me quiere tanto mi novio como yo a él?.
Si te identificas con estos síntomas o simplemente te interesa saber cómo gestionar tu ansiedad, es hora de que hablemos sobre las soluciones.
¿Qué hago?
En primer lugar, es recomendable enfrentarse a los miedos, porque evitar una situación temida solo será beneficioso a corto plazo e intensificará tus miedos, sin embargo, actuar te dará seguridad.
Otro de los objetivos fundamentales es disminuir la activación fisiológica, una de las respuestas incompatibles más famosas para hacer frente a la ansiedad es la respiración. En realidad nuestra respiración nos da mucha información sobre nuestro estado emocional, cuando estamos bajo la influencia de la ansiedad hiperventilamos, hasta un pequeño susto empieza con una pequeña inhalación.
Cuando te encuentres ansioso recuerda controlar tu respiración haciendo lo siguiente: coge el aire 3 segundos, retenlo 2 segundos y expúlsalo lentamente en 7 segundos, repítelo unas cuantas veces, esta técnica te ayudará a quemar el exceso de oxígeno en tu cuerpo producido por la hiperventilación, acuérdate del 327 y dale una oportunidad.
Finalmente no quiero que te vayas sin recomendarte la ayuda de un profesional en el caso de que el problema se te vaya de las manos, no lo dudes, por suerte todo lo mencionado en este post tiene solución y está en ti, solo falta que la encuentres y no hay nada de malo en necesitar a alguien más.








Comentarios